sábado, 17 de abril de 2010

Camino de rosas.



Camino lerdo entre matorrales, resecos y ausentes de amaneceres.

Con mi osamenta cubierta de ligas enredadas en carne.

La mente con sus sesos, pastosos corchos linchados, llena de pensamientos.

Respiro; el paso del aire cenizo por las aberturas, duele.

Los pies, sangrantes por los espinosos restos, se irán desintegrando junto a los miembros, hasta arrastrar el tronco y el sexo.

Me espero al final del camino.

Donde dos rosas se unen en un solo tallo punzante.

Llegaré, siempre llego.

Y empezaré de nuevo, siempre empiezo.

4 comentarios:

Según se mire dijo...

Anda, mira, ambos estamos a lios con el camino.

El Ángel... dijo...

Muy bueno. Me gusta, transmite el dolor del caminar, y la firme convicción de levantarse una y otra vez. No importa caerse, solo importa ponerse en pie.

Un abrazo.

Lunática dijo...

¡Uff!... :fuerte.
Has reflejado el dolor del que cae y cae y cae y cae; del que se miente una y otra vez; del que llega al final y se espera para unirse en esa rosa de tallo punzante... Puede que tenga esperanza, yo no la veo en el personaje. Sólo aprecio su dolor y su derrota.
Beso grande.

Eva- La Zarzamora dijo...

Se respira el dolor al final de ese camino, de esas rosas con espinas.
Y tras ese perfume, se vislumbra también el aroma de la rosa y en su tallo erguido, una esperanza.

Besos.